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PARQUE NACIONAL DE YELLOWSTONE - ESTADOS UNIDOS-PARTE II

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PARQUE NACIONAL DE YELLOWSTONE - ESTADOS UNIDOS-PARTE II

Mensaje por elita el Sáb Abr 02, 2011 6:01 pm

Elita
Marzo 2011



PARQUE NACIONAL YELLOWSTONE PARTE 2



Medición de temperatura realizada en la zona.




Incremento de actividad sísmica y de terremotos de magnitud 3 y 4 en la escala de Richter.
Después del cierre del camino cercano al Norris Geyser Basin en julio de 2003, el 21 de agosto un terremoto de magnitud 4.4 sacudió la parte sur del parque y asustó a los habitantes. Yellowstone es uno de los lugares donde se da el mayor número de movimientos sísmicos del planeta, con cientos de ellos a lo largo del año, sin embargo, tan solo unos pocos al año alcanzan la magnitud de 4 en la escala de Richter.
Agua y aire con exceso de mercurio y sulfuro en algunas zonas
Ambos son contaminantes volcánicas y precursores de actividad volcánica.
Algunos géisers se han secado y se han convertido en válvulas de vapor.
No hay que olvidar que la función de un geiser es la de infiltrar el agua a mayor profundidad, cerca del magma, donde se encuentra extremadamente caliente y expeler el agua en un chorro de vapor. Se ha informado que algunos geisers que antes estaban activos, se han secado y convertido en válvulas de vapor. El hecho de que no haya agua en los geisers resulta del todo preocupante ya que significa que las rocas que se encuentran bajo la superficie se están sobrecalentando y sobrecalentando el agua convirtiéndola en vapor.

Según testigos presenciales, en el área de Nymph Lake donde se observó la formación de una nueva zona termal, se podía oler a madera quemada. Unos 50 árboles se encontraban en el suelo: muertos. Cierre de caminos de senderismo por parte de las autoridades del Parque, entre ellos algunos del Norris Geyser Basin. Incremento de la temperatura de alguna parte del suelo superior a los 93º C.

El géiser, que ha tenido intervalos que iban desde cuatro días a 50 años, ha tenido mayores erupciones en el siglo 21 que en cualquier momento de principios de los ochenta. Este géiser se calmó en 1991 hasta mayo de 2000. Desde entonces, ha erupcionado en cinco ocasiones: en abril de 2002, septiembre de 2002, marzo de 2003, abril de 2003 y octubre de 2003.

Vistas al sur de la nueva fuente termal que apareció el 11 de julio de 2003. Se encuentra aproximadamente a unos 5 metros del Son of Green Dragon. (Imagen por cortesía del Parque Nacional de Yellowstone).

En el 2003, el incremento de las temperaturas del suelo, la explosión de vapor y el flujo de agua en ebullición obligó a las autoridades del Parque a cerrar la mitad de los caminos en el Norris Geyser Basin.


Porkshop Geyser (imagen por cortesía del Parque Nacional de Yellowstone)
Posteriormente, el 9 de octubre de 2003, el “Billings Gazette” publicó que, según oficiales del Parque de Yellowstone, algunas zonas del Norris Geyser Basin, que llevaban cerradas desde el 23 de julio debido al incremento en su actividad geotermal, se podrían abrir al público. Aproximadamente unos 1.440-1.740 metros de estos caminos, mientras que el camino del Back Basin situado entre Green Dragon Spring y Porckshop Geyser continuarían cerrados.
El Norris Geyser Basin del Parque Nacional de Yellowstone ha sido reconocido hace mucho tiempo por mantener las temperaturas hidrotermales más elevadas y ser una de las cuencas hidrotermales más cambiantes y famosas. En julio de 2003, Norris alcanzó su máxima temperatura y una reputación de inestable por parte de científicos y visitantes que fueron testigos de los cambios en muchos géiserss y del incremento de la temperatura del suelo en la parte suroeste del géiser.


Norris es el géiser más activo en cuanto a sismos y el más caliente. Cada año experimenta un notable cambio en el color y las emisiones de vapor. Suelen clasificar estos cambios como el “cambio anual” del géiser.

Los científicos instalan la estación sísmica de banda ancha en el “cráter”, en la zona oeste del Norris Geyser Basin. Estos instrumentos pueden detectar movimientos de onda larga en el suelo, que tienen lugar cuando existe un movimiento subterráneo de pulsos de fluidos y gas. (Imagen por cortesía del Parque Nacional de Yellowstone)
El Observatorio Volcanológico de Yellowstone ha aprovechado la oportunidad para aprender acerca de su actividad instalando una red temporal de sismógrafos, sistemas de posicionamiento global (GPS) y medidores de temperaturas. Todo ello para averiguar las causas de la subida de la temperatura.
Sin embargo, los cambios experimentados en estas fechas por el Géiser no siguen el patrón usual de cada año ya que han incluido un notable incremento de temperatura en la formación de muchas válvulas de vapor nuevas y una temperatura del suelo extremadamente elevada en algunas zonas de hasta 200º. Además, ha aparecido una importante nueva fuente termal cerca del Son of Green Dragon Spring, que comenzó a emitir lodo hirviendo y ácido al camino. Este nuevo elemento continua activo y se está cambiando la ruta del camino.
Imagen de la portada de la página del Norris Geyser Basin del Parque Nacional de Yellowstone.
Dicho todo esto,una de las preguntas realizadas al USGS cuestiona si las características que están teniendo lugar bajo el lago avisan de una posible erupción volcánica.
A este respecto, según el USGS es bastante improbable ya que todas las características están relacionadas con fallas y agua en ebullición (fuentes hidrotermales) y los cráteres identificados se formaron por un colapso o como resultado de una explosión hidrotermal de hace muchos años. Además, añaden que la mayoría de las rocas encontradas bajo el lago se han formado por flujos de lava de hace más de 100.000 años de antigüedad.
Si bien es cierto que las rocas encontradas bajo el lago pueden haberse depositado en ese lugar hace miles de años por corrientes de lava, no se responde a la pregunta de lo que está causando las fuentes de calor y el incremento de la actividad hidrotermal en la actualidad. El incremento de los elementos hidrotermales, obviamente, está siendo empujado por agua sobrecalentada, la preocupación estriba en lo que está calentado esa agua, ya que todo parece indicar que el agua está siendo calentada por una acumulación de magma situada bajo la caldera que, o bien se está desplazando, o bien está reduciendo su tamaño.
En el caso de que el magma acumulado está incrementado su tamaño, podría explicar el masivo incremento de la actividad hidrotermal, así como las elevaciones de la superficie del lago. Aunque para suceder esto, tendría que haber algún tipo de elevación de magma en la cámara magmática, lo que indica un cambio en el proceso del manto.
Si la cantidad de magma actual realmente está aumentando, esto significaría que la presión ha aumentado y de que las posibilidades de una erupción volcánica también aumentan de forma alarmante.
Sin embargo, si el volumen del magma es constante y está cambiando de ubicación, también podría explicar la actividad hidrotermal, ya que el magma migraría a zonas con fallas no acostumbradas al calor y a la presión. Pero, en este caso, ¿qué estaría desplazando el magma de lugar?
Una explicación que podrá aportarse sería una actividad sísmica tectónica a niveles profundos que deformaría las rocas que se encuentran alrededor, forzando así al magma a utilizar el camino que se ha abierto para cambiar de lugar.
¿Y este cambio de ubicación del magma, aumenta las posibilidades de una erupción volcánica? Posiblemente.
Cualquier actividad tectónica que deforme y desplace una cantidad de magma del tamaño que se encuentra bajo Yellowstone debilitará las rocas que lo mantienen. Esta debilitación empeora al estar expuesto al calor y a la presión del magma.

Ambas posibilidades son preocupantes.

Desde el pasado 26 de diciembre de 2008, se han venido registrando una serie de terremotos en el Parque Nacional de Yellowstone, concretamente en el Lago Yellowstone, que han llamado la atención de aficionados, geólogos y también de las organizaciones gubernamentales.

Lo que en un principio parecían una serie de movimientos sísmicos sin importancia, parece estar ejerciendo cierta presión en algunos estamentos que, aunque no publican su preocupación abiertamente, dan muestras de permanecer atentos, mientras se monitorea muy de cerca cualquier cambio en el supervolcán.

Visitantes y empleados del Parque Nacional de Yellowstone han informado que han podido sentir los temblores.

Se ha intentado explicar los seísmos como producidos por el fuerte viento (posiblemente la causa menos creíble) e incluso se ha llegado a decir que podría haber una falla bajo el parque…


Desde el pasado 26 de diciembre de 2008, se han venido registrando una serie de terremotos en el Parque Nacional de Yellowstone, concretamente en el Lago Yellowstone, que han llamado la atención de aficionados, geólogos y también de las organizaciones gubernamentales.

Lo que en un principio parecían una serie de movimientos sísmicos sin importancia, parece estar ejerciendo cierta presión en algunos estamentos que, aunque no publican su preocupación abiertamente, dan muestras de permanecer atentos, mientras se monitorea muy de cerca cualquier cambio en el supervolcán.

Visitantes y empleados del Parque Nacional de Yellowstone han informado que han podido sentir los temblores.

Se ha intentado explicar los seísmos como producidos por el fuerte viento (posiblemente la causa menos creíble) e incluso se ha llegado a decir que podría haber una falla bajo el parque…

Lo cierto es que – por el momento - nadie ha podido explicar con certeza si se trata de un fenómeno precursor de algo inminente, o quizás no se han atrevido a pronunciarse al respecto.

En una nota de prensa de la Universidad de Utah, el 1 de enero de 2009, se confirmaba que el Servicio del Parque Nacional de Yellowstone se mantiene al tanto sobre la actividad sísmica que está teniendo lugar, por vía electrónica y por teléfono con la Universidad de Utah y el USGS y que la Oficina de Homeland Security de Wyoming está revisando los Planes de Respuesta a Terremotos y monitoreando la actividad sísmica.

Esta situación anómala podría ser simplemente un aumento de la actividad del supervolcán, sin mayores consecuencias, sin embargo, también existe la posibilidad de que se trate del aviso de una erupción explosiva inminente.

Los domos de lava en yellowstone aumentan a una velocidad bastante inusual
Bob Smith, uno de los encargados de un equipo de investigación geológica en Yellowstone, ha presentado esta semana algunos de sus descubrimientos en la reunión de la Unión de Geología Americana en San Francisco.


Según este Geólogo algunas zonas del volcán, que se encuentran en constante movimiento, están creciendo a una velocidad inusual.

Los geólogos, que han llevado a cabo la investigación en Yellowstone, muestran su preocupación, especialmente en dos domos de lava subterráneos que se encuentran bajo la caldera de Yellowstone. Al parecer, los domos están bastante pronunciados, por lo que la caldera se encuentra aumentada.

Sin embargo, Smith se niega a hablar de una posible erupción, para lo que dice falta todavía mucho tiempo. La caldera de Yellowstone suele subir y bajar y los cambios suelen suceder a lo largo de miles de años.

Pero es la velocidad de su movimiento hacia arriba que sigue siendo algo inusual. Basándose en los datos aportados por diferentes satélites, los científicos han comprobado que el Domo del Lago Mallard, en el oeste del Lago Thumb, ha subido cuatro centímetros en un año desde mediados de 2004. Mientras tanto, el Domo de Sour Creek, al norte del Puente Fishing ha subido 6 centímetros en un año.

Smith añadió que la infusión de magma podría estar calentando el agua provocando esos cambios en el suelo y lo comparó al inflado de un balón...

Aunque un balón extremadamente peligroso para la Tierra.

9 de julio de 2006

Junio de 2006

Según el Observatorio de Vulcanología de Yellowstone, durante el mes de junio de 2006 se contabilizaron un total de 196 movimientos sísmicos en la región, los más fuertes alcanzaron una magnitud de 2.4 al sudoeste de Madison Junction en Wyoming.

En cuanto a la deformación del suelo, a lo largo del mes de junio de 2006, se ha monitoreado la zona continuamente a través de GPS observando que la caldera de Yellowstone sigue moviéndose hacia arriba a la misma velocidad que el año pasado, creciendo aproximadamente unos 11 centímetros en el White Lake.

La subida de la Caldera de Yellowstone se considera científicamente interesante por lo que seguirá siendo exhaustivamente monitoreada por los miembros del Observatorio.
15 de junio de 2006


Géiser sin actividad desde 1998 ha entrado en erupcion


Cerca del Norris Geyser Basin, dos senderistas se vieron sorprendidos el día 14 cuando uno de los Géisers, que llevaba sin mostrar actividad desde 1998, empezó a hacer ruido (parecido al reactor de un avión) y, a continuación, emitió una nube de vapor que llegó a alcanzar los 100 metros de altitud.

Esta erupción ha coincidido con otros eventos inusuales que han tenido lugar este fin de semana pasado en Norris; la erupción de otros géisers esporádicos y cambios en la superficie del agua.

Según Henry Heasler, geólogo a cargo de Yellowstone, Norris parece estar pasando por cambios termales, un cambio drástico en la actividad que no suele ser frecuente. Estos eventos han hecho que el agua suba más cerca de la superficie.

Entre los demás cambios que se han dado en la zona, el géiser que también solía estar en calma, Vixen, ha estado erupcionando. El agua de Pearl géiser ha cambiado de un color claro a un tono opaco y el agua en otra zona del Basin se ha vuelto oscura.

La expectación es grande.

Junio de 2006

El Observatorio de Vulcanología de Yellowstone informa sobre el reciente monitoreo de la zona.

Durante el mes de mayo de 2006, se contabilizaron 140 movimientos sísmicos localizados en la región de Yellowstone. El más fuerte, con una magnitud de 3.8 en la escala de Richter, tuvo lugar el 18 de mayo al sudeste de West Thumb en Wyoming y se sintió en el Parque Nacional de yellowstone.

En base a lo anteriormente expuesto, se considera el nivel de seísmos bajo.

Los datos obtenidos por el GPS muestran que la caldera de Yellowstone continúa moviéndose a la misma velocidad que el año pasado, aunque se considera de interés científico el movimiento ascendente de la caldera y se continuará su monitoreo.

Marzo de 2006

La imagen muestra la zona alrededor del cráter volcánico de Yellowstone (desde satélite) y muestra los cambios que han tenido lugar en el suelo desde 1996 hasta 2000.
La zona norte del cráter indica una elevación pronunciada. Según el estudio reciente, esta elevación fue causada por un cuello de botella subterráneo de magma. (Imagen por cortesía del USGS).
Según un estudio reciente realizado por científicos, la rápida elevación del suelo y el incremento de actividad de los geisers desde 1997 hasta 2003 en la zona volcánica del oeste de los Estados Unidos, en Yellowstone, tiene su explicación.
La mayor parte del Parque Nacional de Yellowstone se encuentra en el cráter de un extenso volcán formado hace 640.000 años. El cráter o caldera mide unos 45 kilómetros de ancho por 75 kilómetros de largo.
Un río de lava subterráneo – desde hace 70.000 años – fluye por la mayor parte del cráter.
Desde 1970, los científicos son conscientes de que el volcán de Yellowstone se encuentra altamente activo, sin embargo, la relación que existe entre la actividad volcánica subterránea y la red de elementos geotermales y geisers de Yellowstone, ha sido un rompecabezas para los geólogos.
Un estudio actual llevado a cabo por científicos del USGS y el Observatorio Vulcanológico de Yellowstone atribuye estos cambios en, ambos, la superficie y el comportamiento de los geisers, al río de magma o roca fundida que fluye 15 kilómetros bajo la superficie de la Tierra.
Según Charles Wicks, geólogo del USGS en Menlo Park, California: “Aún no estamos seguros de si esta actividad es normal o no”.
Utilizando un radar de un satélite, Wicks y sus colegas pudieron confirmar la sucesión de pequeños cambios continuos en la elevación de la superficie en una zona amplia.
La nueva visión del cráter de yellowstone muestra una superficie en constante movimiento, elevándose y bajando en diferentes puntos en intervalos pequeños de tiempo. En base a estudios anteriores, los científicos saben que el suelo de la caldera se elevó unos 18 centímetros desde 1976 hasta 1984 y que después volvió a bajar unos 14 centímetros desde 1985 hasta 1995.
El nuevo estudio llevado a cabo y que será publicado mañana en la edición de la revista “Nature”, se centra en una zona aislada situada al norte del cráter que continúa elevándose, mientras que el cráter se estaba hundiendo.
Esta elevación del nivel del suelo es de unos 13 centímetros desde 1997 hasta 2003. Según Wicks: “Esto es algo nuevo. Nunca hemos visto una elevación bajo la caldera hasta ahora”.
Al mismo tiempo, la actividad termal en la zona y alrededor del Norris Geyser Basin, cerca de la zona elevada, comenzó una etapa de gran actividad.
Streamboat Geyser, el Geiser más grande del mundo, despertó de su sueño con una serie de erupciones desde 2000 hasta 2003.
Los oficiales del Parque tuvieron que cerrar algunos tramos de senderismo debido a las elevadas temperaturas del suelo y en el 2003, aparecieron nuevos vientos de vapor.
Wicks y sus colegas creen que un pulso de magma volcánico se está moviendo horizontalmente bajo el suelo, causando un complejo movimiento del terreno y unas manifestaciones hidrotermales inusuales.
La teoría de los investigadores se basa en un modelo matemático que ayuda a explicar el patrón de elevación revelado por las imágenes de radar. Según ellos, el terreno se eleva y baja de forma periódica, debido a lo que podría ser un continuo flujo de basalto derretido. Según Wicks de 1997 a 2003 un pulso de magma trataba de subir a la superficie y se extendió bajo la caldera. Mientras trataba de hallar una salida, un sistema de fallas al norte aportó una salida al magma y la salida del magma podría haber sido la causante de que el suelo de la caldera se elevara y bajara, exactamente como se observó en esa época.poca.
Según el geólogo del Parque, Henry Heasler, se llevarán a cabo más estudios, entre ellos, para determinar la temperatura del terreno.


Mapa de las diferentes zonas de Yellowstone (Por cortesía del Observatorio del Volcán de Yellowstone y el USGS – Imagen de Smith y Siegel, 2000).


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Re: PARQUE NACIONAL DE YELLOWSTONE - ESTADOS UNIDOS-PARTE II

Mensaje por elita el Dom Jul 17, 2011 6:33 pm

Elita
17 Julio 2011



Cuando Yellowstone estalle Debajo del parque de Yellowstone, una monstruosa pluma de roca caliente levanta la tierra y la hace temblar. Las pasadas erupciones tuvieron una potencia comparable a la de mil montes Saint Helens. El futuro es imprevisible.
Hay volcanes y supervolcanes. Para estos últimos no existe una definición aceptada por todo el mundo. El término fue popularizado por un documental que la BBC emitió el año 2000, pero algunos científicos lo utilizan para referirse a erupciones de una violencia y magnitud excepcionales. El Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS) aplica el término para erupciones que expulsan más de 1.000 kiló­metros cúbicos de rocas y ceniza en un solo episodio, es decir, para fenómenos cuya magnitud es más de 50 veces superior que la famosa erupción del Krakatoa de 1883, que acabó con la vida de más de 36.000 personas.
Los volcanes forman montañas; los supervolcanes las aniquilan. Los volcanes arrasan la flora y la fauna en varios kilómetros a la redonda; los supervolcanes pueden causar la extinción de toda una especie al inducir cambios en el clima de todo el planeta.
No existe ningún registro en la historia de la humanidad que dé testimonio de que un supervolcán haya entrado en erupción, pero los geólogos han podido reconstruir lo que debe de ser una de esas explosiones. En primer lugar se forma una pluma caliente que sube desde las profundidades del planeta y funde la roca justo por debajo de la corteza terrestre, creando una vasta cámara que contiene una mezcla a presión de magma, roca semisólida y gases disueltos, entre ellos vapor de agua y dióxido de carbono. Con el paso de miles de años, a medida que se acumula más magma, el suelo que cubre la cámara magmática empieza a abombarse, centímetro a centímetro. A lo largo de los bordes del domo se abren grietas, como si unos ladrones aserraran un agujero por debajo de un suelo de madera. Cuando a través de esas fracturas se libera la presión de la cámara magmática, los gases disueltos hacen explosión repentinamente, en una reacción colosal y desbocada. Es como «abrir una botella de Coca-Cola después de agitarla», dice Bob Christiansen, científico del USGS y uno de los primeros en investigar el volcán de Yellowstone en la década de 1960. Cuando la cámara magmática se queda vacía, la superficie se derrumba. Toda la región abombada se hunde. Lo que queda después es una caldera gigante.
El «punto caliente» responsable de la formación de la caldera de Yellowstone ha entrado en erupción decenas de veces en los últimos 18 millones de años. Como tiene su raíz en las profundidades de la Tierra, y está debajo de una placa tectónica que se desplaza hacia el sudoeste, sus erupciones anteriores han dejado una serie de calderas fantasmales, alineadas como las cuentas de un collar gigantesco a través del sur de Idaho, Oregón y Nevada. Las sucesivas coladas de lava han formado los espectrales paisajes lunares de la llanura del río Snake.


Las tres últimas supererupciones se produjeron en el propio Yellowstone. La más reciente, acaecida hace 640.000 años, fue mil veces más potente que la erupción del monte Saint Helens en 1980, en la que murieron 57 personas en el estado de Washington. Pero las cifras no bastan para captar el alcance de la catástrofe. Se calcula que la columna de cenizas arrojada por la explosión de Yellowstone alcanzó unos 30.000 metros de altura y cubrió de polvo todo el Oeste hasta el golfo de México. Los flujos piroclásticos (densas y letales nubes de rocas, cenizas y gases a 800 grados de temperatura) circularon por el territorio alcanzando alturas imponentes y llenaron valles enteros de un material tan pesado y caliente que quedó soldado como el asfalto sobre un paisaje antes lleno de vida. Y ése ni siquiera fue el episodio más violento de Yellowstone. Otra erupción hace 2,1 millones de años tuvo más del doble de potencia y dejó un agujero en el suelo del tamaño de la isla de Mallorca. Entre una y otra, hace 1,3 millones de años, hubo otra erupción menos violenta pero también devastadora.


En cada ocasión, todo el planeta debió de sentir los efectos. Los gases que llegaron a la estratosfera debieron de mezclarse con vapor de agua, creando una fina neblina de aerosoles de sulfato que atenuó la luz solar y sumiendo tal vez al mundo entero en varios años de «in­­vierno volcánico». Según creen algunos investigadores, el ADN de nuestra especie conserva la huella de una de esas catástrofes acaecida hace alrededor de 74.000 años, cuando un su­­pervolcán llamado Toba entró en erupción en Indonesia. El invierno volcánico resultante de la explosión pudo haber determinado un período de enfriamiento planetario que quizá redujo la población humana a unos pocos miles de individuos, lo que habría situado a nuestra especie al borde de la extinción
.

Pese a su violencia, los supervolcanes dejan pocos signos tras de sí, aparte de una vaga sensación de ausencia. La caldera de Yellowstone ha sido erosionada, colmada de lava y de cenizas de erupciones menores (la más reciente tuvo lugar hace 70.000 años) y suavizada por los glaciares. Cualquier cicatriz que quedara ha sido cubierta por bosques apacibles. Cuesta mucho verla, a menos que uno tenga buena vista, como Doane, o haya un geólogo a su lado.

«Está viendo dos terceras partes de la caldera –me dice Bob Smith–. Es tan enorme, que la gente no la distingue.» Smith es un geofísico de la Universidad de Utah y uno de los principales expertos en el supervolcán de Yellow­stone. Estamos en la cima de Lake Butte, un mirador en el extremo oriental del lago Yellow­­stone y uno de los mejores lugares para apreciar la caldera. Pero no la veo. Puedo ver el lago, que se extiende a lo largo de varios kilómetros a nuestros pies, y unas pocas colinas al norte (viejos domos de lava). Pero no puedo seguir con la vista el borde de la caldera, porque gran parte se encuentra debajo del lago y también por su propia extensión: unos 72 kilómetros de diámetro. Como le sucedió a Doane en lo alto del monte Washburn, no veo más que montañas distantes en el horizonte, y entre ellas, al oeste, el vacío donde la tierra se tragó a sí misma en el transcurso de unos pocos días.
Aun así, los efectos de las erupciones pasadas tienen repercusiones profundas en el presente. Los pinos retorcidos que predominan en los bosques del parque están adaptados para crecer en suelos pobres en nutrientes, como los de la caldera de Yellowstone. También lo están los pinos blancos americanos, cuyos piñones sirven de sustento a los grizzlies y los osos negros.


Y desde luego, la tierra sigue hoy literalmente en ebullición. Las truchas que remontan los ríos no serían tan abundantes si las fuentes hi­­drotermales del fondo del gélido lago Yellow­stone no caldearan el agua. El parque bulle de géiseres, fumarolas, volcanes de lodo y otras formas de actividad hidrotermal. De hecho, la mitad de los géiseres del planeta están aquí. Los fenómenos hidrotermales cambian constantemente de temperatura y comportamiento, y no dejan de aparecer otros nuevos, que en medio de los bosques escupen nubes de vapor visibles desde un avión y emiten unos gases tan tóxicos que, se dice, han fulminado bisontes.
Pese a esa «violentísima ebullición gaseosa», en palabras de uno de los primeros exploradores, durante mucho tiempo se creyó que el volcán que yace bajo el paisaje de Yellowstone estaba extinguido, como pen­saba Doane, o al menos agonizante. De hecho, después de los estudios encargados por el gobier­no federal en las postrimerías del siglo xix, la naturaleza volcánica de Yellowstone fue objeto de escasa atención científica durante décadas. Pero a finales de los años cincuenta un estudiante de posgrado de Harvard llamado Francis «Joe» Boyd reparó en la presencia de roca piroclástica soldada, una gruesa capa de ceniza calentada y compactada, que interpretó como un signo de flujos piroclásticos procedentes de una erupción explosiva reciente, en términos geológicos.
En 1965 Bob Christiansen encontró un se­­gundo depósito piroclástico soldado, distinto del anterior, y al año siguiente identificó con sus colegas un tercero. Mediante la técnica de datación por potasio-argón, determinaron que las tres capas eran producto de tres erupciones distintas. Cada una formó una caldera gigantesca, y la más reciente borró la mayoría de los signos de las dos anteriores.
Después, un día de 1973, Bob Smith y uno de sus colegas estaban trabajando en la isla Peale, en el South Arm (el «brazo meridional») del lago Yellowstone, cuando el primero observó algo extraño: algunos árboles a lo largo de la ribera estaban parcialmente sumergidos y moribundos. Smith ya había trabajado en la zona en 1956 y tenía previsto utilizar el mismo amarradero que en la expedición anterior. Sin embargo, el muelle también estaba inundado. ¿Qué estaba pasando?
Intrigado, Smith se dispuso a revisar los puntos geodésicos que los trabajadores del parque habían colocado desde 1923 en varios caminos que recorrían los bosques. Su estudio reveló que Hayden Valley, situado sobre la caldera al norte del lago, se había elevado unos 75 centímetros en las décadas transcurridas desde entonces, mientras que el extremo meridional del lago no se había levantado en absoluto. Como resultado, el extremo norte del lago había ascendido y empujado el agua hacia la ribera meridional. El suelo se estaba abovedando. El volcán estaba activo.
Smith publicó los resultados de su es­­tudio en 1979 y se refirió en varias entrevistas a Yellowstone como «una caldera que está viva y respira». Posteriormente, en 1985, tras producirse un «enjambre» de terremotos, la mayoría minúsculos, el suelo volvió a hundirse. Smith modificó entonces su metáfora: Yellowstone era ahora «una caldera viva, que respira y se agita».

En los años transcurridos desde entonces, Smith y sus colegas han utilizado todos los trucos que han podido idear para «ver» el subsuelo del parque. Poco a poco, la magnitud y el potencial del sistema volcánico subterráneo han ido desvelándose. En el nivel más superficial, el agua se infiltra varios kilómetros hacia el interior de la corteza terrestre, se calienta y vuelve a subir convertida en vapor, que alimenta los géiseres y las fumarolas. A unos ocho o diez kilómetros de profundidad se encuentra el techo de la cámara magmática, un depósito de roca parcialmente fundida de unos 50 kilómetros de ancho. En su interior, el magma basáltico está atrapado por el magma riolítico, que flota sobre el basalto líquido como la nata sobre la leche. Observando la propagación de las ondas sísmicas generadas por los terremotos a través de las rocas subsuperficiales de diferentes densidades, los científicos han descubierto que la cámara magmática está alimentada por una gigantesca pluma de roca fundida que asciende desde el manto superior de la Tierra, con unos 60 grados de inclinación hacia el noroeste, y cuya base está quizás unos 650 kilómetros por debajo de la su­­perficie. Cuando la pluma bombea más calor hacia la cámara, el terreno se abomba. Los pequeños terremotos permiten que los fluidos hidrotermales escapen a la superficie, lo que alivia la presión en el interior de la cámara y hace que el suelo vuelva a bajar. Tras el enjambre de terremotos de 1985 Yellowstone se hundió 20 centímetros en el transcurso de unos diez años. Luego volvió a levantarse, esta vez más deprisa. Desde 2004, algunas porciones de la caldera ascienden a un ritmo de casi ocho centímetros al año, mucho más rápido que cualquiera de los ascensos registrados desde que se iniciaron las observaciones minuciosas en los años setenta. La superficie sigue ascendiendo pese a un enjambre de terremotos de 11 días de duración que comenzó a finales de 2008 y desencadenó un torrente de rumores apocalípticos en Internet.
«Es lo que llamamos una caldera inestable –explica Smith–. El efecto final al cabo de muchos ciclos es reunir suficiente magma para entrar en erupción. Y no sabemos cuáles son esos ciclos.»
Así pues, la pregunta es si volverá a estallar. Es muy probable que en algún momento haya algún tipo de erupción, tal vez modesta, como la del monte Pinatubo en Filipinas, que causó la muerte a 800 personas en 1991. Pero se desconocen las probabilidades de que se produzca una erupción completa capaz de formar una caldera, un cataclismo que podría matar a miles de personas y sumir al planeta en un invierno volcánico. Podría suceder en el transcurso de nuestras vidas, o dentro de más de 100.000 años, o quizá no pase nunca. Bob Christiansen, actualmente retirado, sospecha que el supervolcán se mantiene bastante estable, a pesar de las señales de actividad. Durante la mayor parte de su historia, el punto caliente de Yellowstone ha formado calderas en la fina corteza del área del Basin and Range, el sistema de cuencas y sierras del Oeste de Estados Unidos. Ahora el punto caliente se encuentra bajo una corteza mucho más gruesa, donde las Rocosas alcanzan su mayor altitud.
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